Nelson Garrido, el agitador profesional que hacía imágenes

Este 20 de agosto, a días de cumplir 74 años, falleció en Caracas el fotógrafo venezolano Nelson Garrido, Premio Nacional de Artes Plásticas y referente de la imagen en el país. Tanto en su obra personal como en su trabajo sobre el arte popular en Venezuela y en su vocación de formación permanente a nuevas generaciones de fotógrafos, construyó un legado insustituible entre nosotros.

Sin embargo, yo no me acerqué a él por la fotografía, sino por el activismo. Su estirpe iconoclasta y su animosidad antiautoritaria crearon una afinidad instantánea que se fortaleció con el paso de los años.

A comienzos de los 2000 lo conocimos a partir del periódico anarquista El Libertario, del cual Nelson se hizo un asiduo colaborador, haciendo y aportando imágenes sin cobrarnos nunca un centavo. Durante varios años hicimos de su escuela de fotografía, llamada, con su particular sentido de la provocación, «Organización Nelson Garrido» (ONG), nuestro segundo hogar, donde hicimos e inventamos muchas cosas.

Una de las que más recuerdo fue el llamado «Foro Social Alternativo», creado en el año 2006 como una respuesta al oficialista Foro Social Mundial, que tenía como sede Caracas. Cuatro gatos, con la complicidad y estímulo del propio Garrido, decidimos enfrentar a un chavismo que estaba en su mejor momento económico y de popularidad.

Intentamos, sin éxito, articular a las disidencias de izquierda, desde Domingo Alberto Rangel y los trotskistas hasta Douglas Bravo. Demasiados caudillos juntos en el mismo espacio, lo que hizo aquello inoperante.

Así que fuimos los anarquistas de El Libertario, junto a Garrido, los que finalmente organizamos aquel pandemónium: foros en la UCV y el Colegio de Ingenieros, participación en una movilización contra la explotación del carbón y la distribución del periódico Alterforo, cuyos 10.000 ejemplares en dos idiomas removieron las aguas de la vendimia oficialista en su propio territorio.

El epicentro operativo era la ONG, donde cada día se alimentaban 150 bocas y durante las noches era una fiesta de disidencias varias. Retrospectivamente, aquello era Liliput contra Gulliver, pero no solo sobrevivimos, sino que continuamos haciendo cosas.

La pasión común por lo editorial generaba una sinergia avasallante. Para el libro Venezuela: la revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano, Nelson hizo retratos de las figuras de acción de Hugo Chávez que aportaron valor agregado al libro.

Para el texto Contracorriente: la historia del movimiento anarquista en Venezuela (1811-1998) se le ocurrió destrozar a martillazos un busto de Simón Bolívar e ir fotografiando todo el proceso. Para una portada de una edición de El Libertario propuso fotografiar a una persona con una franela de Acción Democrática portando una máscara del caudillo de Sabaneta. Más de uno ardía con todo aquello. Y nosotros, muy felices.

En el año 2019, cuando hacíamos en Provea un libro sobre la historia del punk en Venezuela, Garrido generó una imagen inspirada en la canción «Miraflores», de Sentimiento Muerto. Al centro de la imagen, un presidente con máscara de cerdo y boina roja, flanqueado por dos civiles uniformados, sobre una mesa con diferentes elementos simbólicos.

La foto, que fue impresa para el insert del disco que acompañaba el texto, fue considerada «material subversivo» por las autoridades. Y el trabajador de la imprenta que la transportaba, José Guillermo Mendoza, recluido en El Helicoide por 24 horas. Aquella publicidad gratuita ocasionó que aquel libro-CD se distribuyera más rápidamente.

Por todo lo anterior, nunca pude separar al fotógrafo del agitador. Para Nelson, hacer imágenes no era registrar lo que ocurría, sino intervenir en ello: provocar, incomodar, burlarse del poder y, de ser posible, meter ruido donde reinaba el orden.

Lo hizo con una cámara, pero también abriendo generosamente las puertas de su escuela de fotografía, alimentando disidentes, prestándose para aventuras improbables y acompañando causas que sabía de antemano perdidas y minoritarias.

¿Cómo lidias con el vacío? Ahora que ya no está, seguramente habrá quienes expliquen, con mejores herramientas que yo, la importancia de Nelson Garrido para la fotografía y el arte venezolanos.

Yo prefiero recordarlo de otra manera: como aquel agitador profesional que hacía imágenes. O quizás al revés: como un extraordinario fabricante de imágenes que nunca dejó de agitar.

Y en la Venezuela que tarde o temprano vendrá, nos harán muchísima falta ambas cosas. Nos toca sufrir el proceso de despedir a un cómplice, un referente, un maestro, un compañero. Pero, sobre todo, a un amigo. Y qué duro es decirle adiós a los amigos.

Rafael Uzcátegui es sociólogo y codirector de Laboratorio de Paz. Actualmente vinculado a Gobierno y Análisis Político (Gapac) dentro de la línea de investigación «Activismo versus cooperación autoritaria en espacios cívicos restringidos»


Publicado el 28 de agosto de 2026

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