FOTOGRAFÍA: Catia, 29/7, Yuri CORTEZ / AFP
Ayer se cumplió un año del fraude electoral en Venezuela, uno de los más grandes de la historia contemporánea latinoamericana, del que aún habrá mucho que escribir y analizar.
Pero hoy quisiera conmemorar, que justo hace un año (29/7), el día después del fraude, se levantó la población de todo el país. Se levantó Petare, Catia, El Valle, Caricuao en Caracas; se levantaron los barrios populares por su hastío ante el régimen de Maduro.
Se levantó espontaneamente, sin direccionalidad de partido alguno, por su propia rabia y deseo de cambio en el país. Fue espontáneo, a pesar de las versiones de la nefasta izquierda madurista internacional que se empeñó en criminalizar la protesta popular, como lo hacen sus parientes de derecha.
El levantamiento no pudo en su momento hacer respetar el resultado electoral, ya que la represión ese día, y los posteriores, fue brutal.
Pero si hay algo que logró, fue hacer estallar en pedazos la imagen que por años monopolizó la llamada "Revolución Bolivariana" de presentarse como la heredera de las reivindicaciones populares del estallido de 1989 que llamamos "El Caracazo".
El levantamiento del 29J terminó de invertir ese simbolismo, con el "justiciero" ahora reprimiendo al barrio popular, que bajó en su contra, poniendo al régimen en el mismo lugar histórico del opresor de los más pobres. Lugar donde estuvieron adecos, copeyanos y viejas guardias militares.
Haciendo más evidente que nunca, que esta es una "Revolución" sin pueblo.
El levantamiento ha terminado de derrocar ese pilar simbólico del imaginario histórico del chavismo. Cayó, como algunas estatuas lo hicieron en esos días.
Habrá todavía mucho más que escribir de este proceso de movilización popular. El descontento sigue ahí, buscando "oportunidad política" para expresarse.