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A quienes pueda interesar: el tenebroso prontuario socioambiental de Shell
publicado el 08/09/18 par OEPV Palabras-claves  Solidaridad   Venezuela  Ecología   Arco Minero del Orinoco  Mundo  Caracas 


Imagen de portada: El Universal. Edición con vector libre, OEP.

“Todo ser vivo tiene sangre: todo árbol, todo vegetal, todo animal, la tierra también, y esta sangre de la tierra (ruiria, el petróleo) es la que nos da fuerza a todos, a plantas, animales y seres humanos.” CARTA DE LOS U’WA AL MUNDO

“Las operaciones pasadas, presentes y futuras de Shell tienen un efecto social y ambiental enormemente negativo” AMIGOS DE LA TIERRA

El pasado 25 de agosto, al término de una reunión sostenida con el primer ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, el presidente de la República Nicolás Maduro, formuló una invitación a la multinacional petrolera Royal Dutch Shell para involucrarse en el negocio de los hidrocarburos en nuestro país: “…estamos listos para trabajar y trabajar bien. Si quieren venir a invertir, inviertan todos sus recursos en Venezuela, porque este es el paraíso para la inversión en petróleo y gas. Vengan a invertir, les tiendo mi mano a la Shell internacional y a todas las empresas internacionales” expresó Maduro. Nada de esto debe extrañarnos, este obsequente exhorto está en total sintonía con la reciente medida dictada por el Ejecutivo Nacional según la cual los enriquecimientos de fuente territorial o extraterritorial obtenidos por Petróleos de Venezuela, sus empresas filiales y mixtas domiciliadas o no en el país, provenientes de las actividades de producción de hidrocarburos están exoneradas de pagar el Impuesto Sobre La Renta, (Decreto N° 3.569 publicado en la Gaceta Oficial Nº 41.452 publicada el 2 de agosto). También está en consonancia con el pago puntual de una ominosa deuda externa que crece constantemente y con la oferta de entrega a la voracidad de transnacionales rusas, chinas, europeas, canadienses y estadounidenses, la vasta región comprendida por el llamado Arco Minero del Orinoco. Todo esto viene ocurriendo acompañado de una vacua retórica “anti-imperialista” que, en el marco de una debacle económica y social sin precedentes y buscando márgenes de maniobra financiera, contrasta notablemente con un insistente intento de profundización del extractivismo en total ausencia de elementales consideraciones de orden humano o ambiental.

¿En qué marco de contemplaciones ecológicas y referentes históricos debemos situar los nuevos emprendimientos de Shell en Venezuela? Comencemos por señalar que, desde sus inicios, la industria petrolera ha causado enormes daños a la biósfera. Sus procesos y actividades han impactado negativamente numerosos ecosistemas, así como la salud, la base de subsistencia y los modos de vida de incontables personas en muchas regiones y comunidades. Entre las mayores consecuencias ambientales mencionaremos a modo de resumen las siguientes.

La contaminación atmosférica de origen petrolero mata varios millones de seres humanos al año; en varias etapas de la explotación petrolera se liberan materiales tóxicos en el aire tales como óxidos de azufre, óxidos de mercurio, monóxido de carbono y benceno, así como varios gases que contribuyen al calentamiento global. Los derivados del petróleo como la gasolina, al hacer combustión, emiten también gases contaminantes como el monóxido y el dióxido de carbono y el dióxido de mercurio que calientan la atmósfera y dan origen a las lluvias ácidas que destruyen grandes masas de vegetación y cuerpos de agua como lagos y lagunas.

Cuando una multinacional decide acometer un proceso de producción petrolera construye una o varias fosas (también conocidas como “piscinas”) en un medio natural y allí vierte montículos de productos tóxicos que afectan a los animales, las plantas y los humanos. Una vez finalizada la explotación, se dejan en el sitio los desechos y se prosigue con la excavación de nuevas fosas. Los materiales dejados atrás se introducen en los suelos y los contaminan, llegando incluso a alcanzar las napas freáticas utilizadas por seres humanos y animales para beber, cocinar, así como para fines de regadío.

En lo que respecta a los impactos sobre las aguas, son frecuentes los vertidos de crudo en ríos, mares y lagos. Sobresalen en este conjunto las catástrofes de tanqueros y plataformas ocurridas en el mar, las cuales dan lugar a las denominadas “mareas negras” que contaminan grandes volúmenes de agua y ejercen impactos severos en la ecología y la biodiversidad marina y costera.

En el ámbito de los desastres vinculados a la explotación de hidrocarburos debemos mencionar a explosiones de gas, incendios de depósitos de crudo, accidentes de camiones cisterna y fugas en oleoductos, entre otros, que causan muertes, quemaduras, mutilaciones y empobrecimiento en poblaciones locales, así como devastación en sus ecosistemas de arraigo. La amplitud de todos esos problemas y amenazas a la vida se conjuga con la inadecuación de las respuestas dadas por las empresas o las autoridades, al tiempo que se multiplican las resistencias en diversas latitudes. Las mismas multinacionales que tienen al petróleo en su “mira”, operan con los principios de ambición y usura, infiltran Estados, conspiran contra naciones soberanas, entrenan mercenarios y crean milicias que aterrorizan a comunidades locales.

Es oportuno ahora destacar algunas de los aspectos más siniestros que marcan la trayectoria de la Royal Dutch Shell, en particular aquellos ligados a los desafueros, crímenes y fechorías que ha cometido en materia socioambiental.

En la lengua de Shakespeare Shell significa concha marina. Hoy en día se asocia a la gasolina gracias a Marcus Samuel, filibustero empresarial inglés del siglo XIX que se inició en el mundo de los negocios de antigüedades, la importación de conchas marinas de Asia y más delante de porcelana, seda y arroz con destino en Europa y la exportanción de textiles y productos industriales “Made in Great Britain”. En 1880 Su sucesor se lanza al negocio petrolero contando con el apoyo de los temibles y voraces Rothschild. La empresa creada es rebautizada en 1897 con el nombre de Shell Transport and Trading Company y en 1907 se fusiona con la sociedad holandesa Royal Dutch Petroleum pasando a ser la Royal Dutch Shell que empezó a disputarse yacimientos, mercados y beneficios con el gigante petrolero estadounidense Standard Oil de la familia Rockefeller. Desde entonces Shell ha compartido con esa y otras competidoras una cronología de ignominia que incluye a Venezuela como enclave fundamental. Recordemos que tempranamente, en tiempos de Cipriano Castro, se instalaron en el país para trabajos de exploración varias subsidiarias de la Shell. Al ser depuesto Castro por Juan Vicente Gómez, Shell continúa avanzando en tierra venezolana participando como protagonista privilegiada del descubrimiento del petróleo con la primera explotación comercial de ese hidrocarburo en el país. En 1912 empezaron las exploraciones de su filial, Caribbean Petroleum Company, y en 1914 comenzó a bombear crudo del pozo Zumaque I, luego de un famoso “reventón” generado con la participación de campesinos que trabajaban en condiciones muy precarias y después de un período de descontrol que contaminó seriamente el escenario natural circundante. A partir de ese momento, la Royal Dutch Shell se convertiría en un abastecedor principal de petróleo al esfuerzo bélico de los aliados durante la Primera Guerra Mundial. En los años 20 es desplazada por la Standard Oil como principal concesionaria en Venezuela pero siguió manteniendo por más de medio siglo un lugar importante en la producción, el transporte y la comercialización de crudo venezolano, y una influencia significativa en la deriva geopolítica, socio-política, económica y socio-ambiental de nuestro país.

Aunque a veces se cubre con el ropaje filantrópico y el maquillaje verde del buen samaritano “socialmente responsable y con conciencia ecológica”, Shell no es ajena al legado de desolación que ha dejado el gran negocio petrolero a escala global. Al igual que otras corporaciones petroleras como Chevron, Exxon, British Petroleum, Total y Rosneff, Shell gasta lo indecible para poner a resguardo su trofeo energético fruto del engaño y la destrucción ambiental, así como del pillaje y la violación de derechos humanos. Son numerosos los casos de desmanes cometidos esta petrolera multinacional con operaciones en más de 100 países alrededor del mundo. Así por ejemplo, ya en 1988 la compañía era consciente de la escala en que sus actividades contaminaban pero permaneció callada durante varios lustros; más aún, recientemente han salido a la luz pública documentos en los que se revela que Shell y la compañía europea de petróleo y gas han estado al corriente del calentamiento global y sus causas desde hace unas tres décadas; no obstante, continuaron en la labor de extracción de petróleo y tratando de generar dudas en torno a las denuncias y advertencias relativas al cambio climático. En este empeño no estuvieron solas. En el año de 2015, una serie de documentos filtrados confirmaron que el gigante corporativo de energía Exxon, de los Estados Unidos, tuvo conocimiento del cambio climático durante 40 años, mientras invertía enormes sumas de dinero en la difusión de información falsa para crear escepticismo sobre todo lo descubierto y pronosticado con relación a este fenómeno de implicaciones planetarias.

América Latina conoce de cerca la siniestra impronta de Shell. Podemos citar el caso del Lago de Maracaibo en Venezuela en cuya cuenca esta multinacional, al igual que Exxon, Texaco y la estatal PDVSA, utilizó técnicas de perforación aguas adentro a lo largo de varios decenios, generando un elevado número de accidentes y derrames que han contribuido sensiblemente a la muerte progresiva de ese importante cuerpo de agua y a su conversión en un enorme vertedero. En Nicaragua Shell fue demandada por un grupo de 500 trabajadores que quedaron estériles por haber estado expuestos al pesticida DCCP producido por esta compañía en conjunción con la transnacional Dow Chemical; condenada a pagar una idemnización por un juez local en 2002, Shell decidió no acatar el veredicto. En enero de 1999 el tanquero de la Shell “Estrella Pampeana” chocó con un carguero alemán frente a la costa del la ciudad argentina de Magdalena y vació su contenido en aguas que fueron a parar a un lago, contaminando agua potable y aniquilando a gran cantidad de especímenes de la flora y la fauna de ese lugar. El gobierno de Argentina ordenó en 2007 el cierre de una refinería operada por una subsidiaria de la Shell en Buenos Aires por ser causa de una serie de problemas ambientales que incluían, entre otros, fugas y contaminación de suelos; estas instalaciones fueron posteriormente autorizadas a reiniciar operaciones una vez que la compañía fue obligada a preparar un plan de limpieza.

En América del norte abundan los ejemplos de graves perturbaciones ambientales atribuidas a la Royal Dutch Shell. Entre ellas cabe mencionar los numerosos incendios y derrames de gran envergadura producidos en la refinería de Shell en la localidad de Martínez (California, Estados Unidos) cerca de la ciudad de San Francisco, en la década de los ochenta del siglo XX, los cuales causaron la polución de humedales y más de 14 kilómetros de línea costera. En 1985, Shell y el ejército de los Estados Unidos fueron acusados por la contaminación en gran escala del arsenal de las Montañas Rocosas, cerca de Denver; durante la segunda Guerra Mundial se construyó una planta en este lugar para producir gas neurotóxico. Esas instalaciones fueron utilizadas por Shell a partir de los años 50 y hasta 1982 para producir pesticidas; en este período muchos residentes locales reportaron casos de cáncer, abortos y nauseas crónicas vinculados a la descarga de tóxicos desechados por la planta. En Canadá Shell ha jugado un rol fundamental en la puesta en marcha del altamente controversial proyecto de explotación de las arenas bituminosas en la provincia de Alberta. Shell posee el 60% del enorme proyecto Athabasca (el 40% corresponde a Chevron y Marathon) y controla dos proyectos menores; en la producción de petróleo a partir de esas arenas bituminosas (un crudo similar al de la Faja Petrolífera del Orinoco) que se encuentra por debajo de 130.000 kilómetros cuadrados de bosque nórdico primario participan otras multinacionales como Exxon y British Petroleum; en el film “Gasland” del director Josh Fox se muestran los impactos de esa actividad de explotación que, en opinión del realizador, es la más sucia y contaminante jamás creada en la historia de la industria. Baste decir que en conjunto el proyecto tiene grandes implicaciones para el proceso de calentamiento global dado que se estima que allí se están lanzando a la atmósfera unos 100 millones de toneladas de CO2 al año. La corporación de capital anglo-holandés ha estado además en el centro de la crítica mundial por sus exploraciones de petróleo en el Ártico canceladas por el gobierno estadounidense en 2015; sin embargo, en 2017 Donald Trump anunció su intención de abrir el territorio de Alaska a las operaciones petroleras contando seguramente, entre otros, con Shell.

Europa ha sufrido también los embates socio-ambientales de la Royal Dutch Shell. A modo de ejemplo cabe mencionar algunos pocos casos. En 1989 se produjo una rotura en un oleoducto de Shell que causó la contaminación del río Mersey del Reino Unido con 10.000 galones de crudo. En 1995 la corporación británico-neerlandesa fue blanco de un boicot y otras acciones de protesta llevadas a cabo en distintas partes del continente europeo debido a un plan compartido con Exxon para hundir una obsoleta instalación de almacenamiento de crudo situada costa afuera en el Mar del Norte; la estructura, denominada Brent Spar, contenía lodos petroleros, metales pesados y desechos radioactivos capaces de dañar la cadena trófica. Finalmente la compañía cedió a las presiones y llevó la Brent Spar a tierra. También en el Reino Unido Shell fue acusada a finales de los años 90 de haber contaminado varios ríos con su producto Permithrin empleado en la industria de alfombras y procesamiento de la lana.

En tierra africana, particularmente en Nigeria, Shell es símbolo de monstruosidad y depredación. A comienzos de la década de los noventa del siglo pasado surgieron numerosas protestas lideradas por el “Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni” en ese país que señalaron a Shell como “terrorista ambiental” por la larga lista de rupturas de oleoductos, escapes de gas y otras formas de contaminación que venían ocurriendo en el del delta del río Níger; la dictadura militar nigeriana, socia de la Shell, respondió con una ola represiva que incluyó el arresto de Saro-Wiva, líder de la protesta, y su posterior ahorcamiento en 1995. Vale destacar que hoy en día ese ecosistema deltano y, especialmente, la región de Ogoni, está muy deteriorado y las poblaciones humanas que hacen vida allí son víctimas de la miseria, el hambre y numerosas enfermedades.

En resumen, con este breve y muy incompleto recorrido por la galería de horrores de la industria petrolera ejemplificada en el accionar de Shell, podemos tener una idea de la profunda y dolorosa huella que en el paisaje terrestre ha dejado esta transnacional. La misma abarca millones de toneladas de vida vegetal y de suelo fértil arrasados, miles de millones de litros de agua contaminados o desviados de ríos y quebradas para ser utilizados en sus operaciones, millones de toneladas de gas carbónico lanzados a la atmósfera, centenares de miles de personas desplazadas de sus territorios, otros tantos explotados, segregados, perseguidos y asesinados. La irresponsable, depredadora y genuflexa nomenklatura que nos gobierna se prepara para recibir a Shell con los brazos abiertos. Es hora de cerrar filas en defensa de nuestra Naturaleza y nuestra sociedad.

Francisco Javier Velasco

Doctor en Estudios del Desarrollo (CENDES, 1999). Doctor en Sociología (Université du Québec á Montréal, 1990). MsC. en Planificación Urbana (McGill U, 1986) y Antropólogo (UCV, 1981). Ha sido profesor-investigador de las áreas socio-ambiental y teoría social.

Actualmente miembro de la coordinación general del Observatorio de Ecología Política y activista de la Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco.


publicado el 8 de septiembre de 2018  par OEPV  Alertar el colectivo de moderación a proposito de la publicación de este articulo. Imprimir el articulo
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